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Haciendo noche en un café de Amsterdam “LUNA”, con un grupo de amigos, me pidieron que describiera lo que es un milonguero. Para mi es algo muy dificil de explicar. Una cosa es sentirlo y otra muy diferente es poder explicarlo en palabras que sean claras para los demás y den una idea real de lo que yo pienso. Pero voy a intentar hacerlo, tratando de no herir susceptibilidades.

El milonguero es un esclavo de la música, el compás y los espacios. Cuando baila, la música invade su cuerpo y esta se traduce en sus pasos y sus movimientos. No pierde un solo compás. Esta unión con la música es la que produce la sensación de que los cuerpos chamullaran.

Baila al ras del piso, el manejo del espacio es esencial, sigue el sentido de la ronda, dirige sus pasos, giros o caminatas siempre hacia adelante, no pasa a otra pareja, cuida de no cruzarse en el camino de otros. “Milonguea” en el lugar que le dejan. Baila para el y su compañera, no para la tribuna. NO EXHIBE.

Se luce por la sutileza en el manejo del espacio, su sentido del ritmo y el sentimiento que transmite. El placer que siente en el, lo traspasa al cuerpo de la mujer.

Ella por su parte, sigue al hombre generalmente con los ojos cerrados. Se pega a el y lo sigue como si fuera su perfume en este viaje feliz. Baila “Apilada” a el, pero no como un “Collar de melones”. Una cosa es apilarse y otra colgarse. No siempre esto es visible desde afuera, pero el lo siente.

El milonguero se inspira en la orquesta, el tema y la mujer. También influyen sus estados emocionales. Antes de comenzar a bailar toma a la mujer, la abraza, escucha la música, siente la respiración de ambos, el latido de sus corazones y recién después da el primer paso. Por suerte cada uno baila distinto. Su personalidad, estilo y cadencia son únicos. Hay mucha cariedad entre ellos con mucha riqueza de pasos y experiencia de baile. Aunque a veces les gusta ser admirados, su prioridad es el sentimiento y la mujer.

SON ANÓNIMOS: A veces tímidos y muy concetrados. No bailan mucho, son exigentes al elegir la música y con quien bailar. Con una o dos “tandas” bien milongueadas la noche esta hecha. Son muy pulcros, cuidadosos con el brillo de sus zapatos, bien planchados (la raya del pantalón) y perfumados. Están sentados en su mesa “campaneando” la pista y las minas; sacan solamente “al cabeceo” o de “ojito”.

Por su parte las milongueras, hay muchas y muy buenas. No tiene EDAD. Su postura, el encanto de su pisada y la sutileza de sus movimientos, hacen a la inspiración del hombre que se luce a través de ellas. Son sencillamente un CHICHE BOMBÓN.

Por eso no tiene sentido decir quien es el primero o el mejor. Ni sentirse dueño de tal o cual paso, o decir que alguien le robo el paso. Aprendimos de todos y lo adaptamos a nueestra personalidad. Y vamos a seguir aprendiendo. Nunca terminaremos de aprender y así podremos enriquecer nuestro baile, el TANGO. Este, como los sentimientos no tiene coreografía ni dueño.

El milonguear o aprender a bailar, tiene que ser un placer, no una exigencia, competencia o trabajo; ya de eso tenemos bastante. La obligación y responsabilidad de los que estamos enseñando consiste en: no apabullar demostrando nuestros conocimientos o habilidades, sino poder transmitirlos con sentimiento y sencillez, sin tanto delirio técnico ni filosófico.

Los milongas no salieron de ningún LABORATORIO FISICO O MATEMATICO NI DE NINGUN TEMPLO TRASCENDENTAL, aprendieron entre ellos, mirando con respeto y admiracion a los que sabían y practicando.

Incentivemos entonces a nuestros alumnos a concurrir a los salones a bailar y no los retengamos en las academias, escuelas o querer encerrarlos en la caja de Pandora para que no conozcan la realidad y se aviven de que no existen los GURUS ni los PROFETAS en este tema. Dejémonos de joder, no es necesario hacerles la croqueta con fantasías inútiles. O querer venderles un muestrario interminable de pasos que nunca van a terminar de aprender, y meno usar ese stock para bailar un tango.

Creo que para que no exista frustración o aburrimiento la enseñanza tiene que ser lo mas rápida posible, buscando que puedan bailar con tres o cuatro pasos, manejando el espacio, ritmo, que traten de armar su propia secuencia de acuerdo a su personalidad. Bailar constantemente con distintas personas, y así poder llevar, o seguir, por una comunicación de movimiento corporales y no de memoria, para así poder transmitir su propio baile y sentimientos.

Por lo tanto no hay que confundirse, una cosa es mostrar, o bailar bien y otra es enseñar. Es esencial tener en cuenta no solamente la cantidad de alumnos que tenemos, que por cierto es muy importante económicamente, sino también, haver un balance de conciencia y pensar honestamente cuantos de ellos están milongueando en los salones. Seamos sinceros con nosotros mismos si pretendemos que esto se difunda y crezca.

Agradezco humildemente la confianza puesta en mi por los alumnos de todos los lugares donde fui y voy a enseñar.

A sus maestros (sin excepción de estilo y nacionalidad) por su pasión por difundir el tango. Gracias a ellos no me he sentido extraño en ningún lado, a pesar de no conocer el idiioma ni las costumbres de los otros países.

El Tango, y los finconcitos de tango que hay en todos los lugares que he recorrido me hacen sentir como en casa.

Milongueando nunca te vas a sentir solo.

Oscar (Cacho) Dante
Amsterdam 17-9-1996
Este articulo fue publicado en “La Cadena”, Revista Tanguistica de Holanda. “El Once” en Londres y “Tandoneon” en Madrid.

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